¿QUÉ IMPACTO TUVO LA CRISIS DE 1929 EN ESPAÑA?

      

La Gran Depresión de los años 30 se entiende como un proceso económico e histórico que afectó en gran medida al mundo entero, pero del que España se mantuvo al margen. ¿Esto fue verdaderamente así, o en nuestro país se afrontó de distinta forma? 

    

Si se hace referencia a las causas de esta Gran  Depresión, todo se debió a que tras la I Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el país acreedor de todos los demás, lo que hizo a los empresarios invertir en la Bolsa, junto a las personas de a pie, debido a la abundante riqueza y motivados por el clima de optimismo. Las acciones aumentaban su precio exponencialmente y la rentabilidad también, sin darse cuenta del peligro de esta creciente especulación. El 24 de octubre de  1929 ocurrió lo inevitable: una pérdida de confianza generalizada ocasionó una venta masiva de acciones que no encontraron compradores, los precios bajaron, el sistema financiero quebró y el 29 del mismo mes, conocido como el Martes Negro”, dio inicio la Gran Depresión, que se expandió rápidamente por el mundo.


Sin embargo, si se compara la situación de la economía española respecto de los desastres deflacionarios y las quiebras de los gigantes estadounidenses, alemanes o austriacos, España suele presentarse como un sistema bancario que sobrevivió sin dificultades a los efectos del descalabro en Wall Street. ¿Por qué tuvo esa “suerte” de no salir afectada?

 

Por aquel entonces, España no gozaba de la misma situación que los países avanzados y el entorno exterior tenía poca influencia sobre su economía prácticamente agraria. Sumado a ello, al contrario que muchos países, operaba un tipo de cambio flexible, la peseta había dejado de ser convertible en oro desde finales del XIX y, por lo tanto, el valor exterior de la divisa española no estaba fijado a una cantidad física de oro, sino que podía fluctuar. 


En este contexto, cuando a finales de 1920, los países empezaron a aplicar políticas monetarias restrictivas para garantizar la convertibilidad de sus billetes en oro, la depreciación de la peseta evitó la deflación española. 




- Pesetas de 1930 (izquierda) y de 1982 (derecha)

En 1927, los flujos de capitales empezaron a revertir y en 1928, ya eran negativos; el capital se estaba yendo del país. El entonces ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo, intentó contener sin éxito esta depreciación, y todo ello minó la confianza en el régimen de Primo de Rivera y en el rey Alfonso XIII. El gran economista John Maynard Keynes, que acabaría con el Patrón Oro tras la II Guerra Mundial, junto a otros presentes en Bretton Woods, estuvo en Madrid a principios de los años 30 y advirtió del gran error en política económica que se estaba cometiendo en los últimos gobiernos de esta dictadura, como el de Dámaso Berenguer. 

Además, tras la proclamación de la Segunda República en abril de 1931, ante el riesgo de una caída en espiral de la peseta en los mercados internacionales, Indalecio Prieto (ministro de Hacienda) autorizó aumentar la circulación fiduciaria, lo que sería otro paso más hacia el precipicio al que estaba avocada la economía española.
En definitiva, nuestro país se benefició de la depreciación de la peseta, que evitó la deflación. Esto se relacionó con la autonomía monetaria del Banco de España, quien disponía de la capacidad de dotar libremente de liquidez de emergencia al sistema bancario, cuando la banca perdió el 20% de sus depósitos en 1931. 
 
Estos dos supuestos mencionados se derivan de un marco teórico conocido como trilema económicoEsta teoría nació en los años 60 de la mano de Robert Mundell y Marcus Fleming, y sostiene que un país solo puede seguir dos de las siguientes tres actuaciones: tipo de cambio fijo, libre movilidad de capitales dentro y fuera del país, y autonomía monetaria (capacidad propia para alterar las variables monetarias, como el tipo de interés). Lo que ocurrió en España fue que las autoridades monetarias no pudieron proporcionar suficiente liquidez lo suficientemente rápido, y esto vino a ser el desencadenante de la situación posterior.

La realidad es que el contagio de Wall Street fue menor en España en comparación con el resto de naciones, pero el país se enfrentaba a tensiones sociales crecientes en un contexto de inestabilidad política, radicalización de las ideologías, caída de la monarquía, fracaso de la reforma agraria y una quiebra inminente. En esta situación, la verdadera crisis estaba aún por llegar: el periodo más convulso de nuestra historia nacional, la Guerra Civil. Tras ella, primero con el régimen dictatorial de Franco, y después, con el aislamiento internacional durante la Segunda Guerra Mundial, la nación española sufrió la verdadera gran depresión de su economía.



- Racionamiento tras la Guerra Civil española


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